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Zorrilla, protagonista en la ONCE
En homenaje a su 40 aniversario, el Estadio será la imagen del cupón del 23 de febrero



El Estadio José Zorrilla será la imagen del cupón de la ONCE del miércoles 23 de febrero. Serán cinco millones y medio de cupones los que lleven por toda España este recinto deportivo vallisoletano, casa del Real Valladolid.
El alcalde de Valladolid, Óscar Puente; el delegado territorial de la ONCE en Castilla y León, Ismael Pérez; y el director del Gabinete de Presidencia, David Espinar, han presentado esta especial iniciativa en un acto en el que han estado acompañados por la presidenta del Consejo Territorial ONCE, Rosa María Rubio.

Espinar destacó que el Club se siente “honrado” de ser protagonista del cupón de la ONCE, entidad que realiza una “labor social impagable”. Por su parte, Puente hizo un repaso de la historia del Estadio desde su inauguración el 20 de febrero de 1982, con un encuentro liguero ante el Athletic Club que se saldó con triunfo local (1-0) gracias al gol de Jorge Alonso.

El recinto, que ahora cuenta con un aforo de 27.618 espectadores después de la última remodelación en verano de 2019, no solo ha albergado partidos del Real Valladolid, sino que también ha sido sede del Mundial 82, de una final de una Eurocopa sub21 en 1986, de dos finales de rugby o de conciertos destacados como los de Michael Jackson, Bruce Springsteen o Depeche Mode.

El Cupón Diario de la ONCE ofrece, por 1,5 euros, 55 premios de 35.000 euros a las cinco cifras. Además, el cliente tiene la oportunidad, por 0,5 euros más, de jugar también a la serie, y ganar “La Paga” de 3.000 euros al mes durante 25 años, que se añadirá al premio de 35.000 euros.

Los cupones de la ONCE se comercializan por los 19.000 vendedores y vendedoras de la Organización. Además, se pueden adquirir desde www.juegosonce.es, y en establecimientos colaboradores autorizados.
La Ciudad Deportiva, en proceso
A preguntas de los periodistas, el alcalde explicó que espera que el proyecto de Ciudad Deportiva quede “firmado en verano”, para que a partir de ese momento puedan comenzar las obras.

https://www.realvalladolid.es/noticia/zorrilla-protagonista-en-la-once

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Así se gestó el Nuevo Estadio José Zorrilla
La proclamación de Valladolid como sede del Mundial-82 propició la construcción en tiempo récord del nuevo campo con un coste de 4,2 millones de euros


Se fumaba Marlboro, mandaba la pana de cintura para abajo, los rockeros iban al infierno y los gritos de las adolescentes se los llevaban mayoritariamente Los Pecos. ¡Ah!, y no había fiesta que se preciara sin coca cola para todos y algo de comer...

Nos vamos a los primeros días de los años 80, con la Constitución gateando aún por las calles y el panorama político fragmentado en cuatro grandes fuerzas políticas perfectamente identificables con los rostros de sus líderes (Adolfo Suárez y UCD, Felipe González y el PSOE, Santiago Carrillo y el PCE, y Manuel Fraga y el CD). Por entonces, en Valladolid se hablaba de la huelga del metal por un convenio colectivo que no llegaba pero también de los dos millones de pesetas que se había gastado el ayuntamiento en actividades navideñas y de la feliz idea del ucedista Benigno Polo que, transformado en rey Baltasar, pretendía sustituir los caramelos de la Cabalgata por donuts. También se hablaba, como no, del Mundial que iba a organizar España en 1982, de su mascota Naranjito y, como consecuencia, del nuevo estadio que le iba a acompañar en Valladolid, ya como subsede oficial.

Una era cuestión de Estado; la otra, materia de pleno municipal. Y ambas, directamente interrelacionadas desde que el 17 de julio de 1979 se hicieran oficiales las 14 ciudades y los 17 estadios en los que se celebraría el Mundial: Vigo, La Coruña, Oviedo, Gijón, Bilbao, Zaragoza, Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Elche, Sevilla, Málaga y Valladolid después de que se cayera a última hora San Sebastián.

Desde entonces la máxima preocupación, y quebradero de cabeza para todos los alcaldes, se centró en obtener el dinero necesario para llevar a buen puerto la organización de la cita mundialista que, en el caso de Valladolid, pasaba también por levantar un campo nuevo. Era condición sine qua non.

Se multiplicaron las reuniones para estudiar un posible calendario en la concesión de estos créditos, y los números empezaron a bailar en las cabezas de los diferentes ediles. El Comité Organizador del Mundial, con Raimundo Saporta a la cabeza, acordó conceder 1.700 millones a los seis estadios municipales y 3.665 a los once que son propiedad de clubes, distribuidos en tres plazos distintos de tal forma que en mayo de 1980 los municipios recibirían 510 millones y los clubs 1.100; en mayo de 1981 850 y 1833, respectivamente; y la última entrega sería en 1982 con 340 y 732 millones, respectivamente, sobre la mesa.

Se acordó, igualmente, que las vías de financiación fueran el Banco de Crédito Local para los estadios municipales, y el Banco de Crédito a la Construcción para los clubes, con unas condiciones de amortización bastante favorables y un tipo de interés del 11 por ciento.

Con esta inversión asegurada, capítulo aparte se escribiría con la justificación de un presupuesto que empezó siendo de 480 millones de pesetas y que finalmente se cerró en 700. El propio alcalde, Tomás Rodríguez Bolaños, llegó a reconocer a los medios en la presentación del estadio que faltaban por cubrir 120 millones. «Hemos estudiado diversas fórmulas, una de las cuales no excluye al principal beneficiario de la instalación, es decir, el Real Valladolid. Una fórmula que consistiría en que el club aportase la citada cantidad mediante una cesión municipal a largo plazo para explotar las posibilidades que el estadio tiene, tales como publicidad, arrendamiento de los bares, zona de aparcamiento, etc. Si esta salida no prosperase», explicó el primer edil un 5 de noviembre de 1980, «el ayuntamiento seguiría adelante mediante otra postura crediticia, bien proponiendo un presupuesto extraordinario o cualquier otra solución». Aquel llamamiento no tardó en recibir respuesta. Tres semanas después fue el grupo Parquesol quien se hizo cargo aportando 300 millones a la causa como beneficiario en la revalorización de la zona.

Bolaños terminó redondeando en 700 millones de pesetas (4,2 millones de los actuales euros) el montante de una obra cuya documentación cifra en 456 millones en la obra civil del estadio, 65 millones en el terreno de juego y obras complementarias, 81 en electricidad e iluminación, y 25 más en la fase de urbanización. El ayuntamiento firmó un primer contrato de arrendamiento por el cual el club se comprometía a pagar unos 55 millones por cinco años a cambio de los derechos de alquiler de los bares del campo, los ingresos publicitarios y la posibilidad de cobrar las plazas de aparcamiento (algo que no se llevó a cabo).

Malestar entre los aficionados
Pero la parte pecuniaria iba por un lado y la social por otra orilla bien distinta. Y a este lado del río la ciudad respiraba una corriente de cierto malestar por un proyecto de estadio que no gustó a todos por igual. Si todos los cambios esconden algo de traumático, dar portazo al Viejo Estadio no sentó nada bien a los aficionados más veteranos. No eran poco los que abogaban por una exhaustiva remodelación del campo del paseo de Zorrilla, y muchos otros apostaban por un campo nuevo en el que todas las localidades fueran de asiento. Daba pereza abandonar el centro y nostalgia despedirse del que había sido templo blanquivioleta durante cuarenta años. «Se puede decir que había división de opiniones. La gente estaba muy habituada a ir andando al viejo estadio, hacía una parada en el Lucense donde se fumaba un puro y se tomaba su café y su coñac, y era mucho más cómodo. Entonces la gente no es que estuviera en contra de hacer un estadio sino de hacerle tan lejos», recuerda José Miguel Ortega cronista oficial del club.

Con este debate en cada esquina, El Norte de Castilla recibió un buen número de quejas de sus lectores y no pocas cartas al director, entre las cuales destaca una firmada por 260 socios del club blanquivioleta y dirigida al alcalde Rodríguez Bolaños: «...Cuando todos esperábamos una mejora del primitivo proyecto, teniendo en cuenta la cesión gratuita de los terrenos por parte de la Diputación y la aportación de 300 millones de pesetas por Parquesol, nos sorprende con un proyecto que no se ajusta en absoluto a las necesidades de nuestro tiempo. El hecho de pretender construir en Valladolid un campo de fútbol en los años 80 sin tener todas las localidades de asiento y sin cubrir en su totalidad, da una idea del poco conocimiento que tienen del tema, ustedes, los responsables.....», se apuntaba en la misiva, admitiendo, «dentro de lo malo, ver el fútbol de pie, pero no podemos admitir el no cubrir todo el Estadio».

Esto generó que el propio arquitecto responsable de la obra, señor Casas, se viera obligado a dar explicaciones. «Un proyecto todo cubierto condenaba al campo a mantener un aforo fijo para siempre», aseguró el mismo día que se dio el pistoletazo a las obras (5 de noviembre de 1980).

«A nivel de club era una gran ilusión para todos, ya sabemos que a nivel afectivo a todos nos iba a costar dejar el Viejo Zorrilla pero se estaba quedando obsoleto y era necesario», señala hoy Ramón Martínez, por entonces director deportivo del club, quien desvela que en una idea primigenia el estadio se iba a ubicar en Laguna de Duero. «El proyecto inicial iba en Laguna con 38.000 localidades, todo cubierto y todos sentados, pero no se concretó por motivos que desconozco», añade.

Salvada esta desazón que despertó el boceto entre algunos aficionados, la obra cumplió escrupulosamente con los plazos comprometidos. Cuatro meses después, en pleno marzo, todo estaba dispuesto para sembrar el césped, en septiembre se procedió al montaje de la luz y el 28 de noviembre de 1981 Bolaños ofrecía todo lujo de detalles en una visita con los medios que terminó en almuerzo.

El Nuevo Estadio José Zorrilla, ubicado al oeste de la ciudad, era ya una realidad en los terrenos del Pago de La Barquilla, propiedad de la Diputación Provincial y cedidos al Ayuntamiento. La estampa, en pleno solar con la única compañía del hipermercado Continente, aún debería mutar con el paso de los meses antes de su inauguración, el 20 de febrero del 82, por supuesto antes del inicio del Mundial en pleno mes de junio, y también con el paso de los años.

Sobre una superficie de 25 hectáreas de las que el estadio ocupa 5 hectáreas, el Nuevo Zorrilla lució su mejor sonrisa aquel 20 de febrero en una inauguración que nadie se quiso perder. Ni siquiera la Banda de Música del Regimiento de San Quintín, el grupo Candeal, los grupos de danza Justo del Río (de Burgos), Doña Urraca (Zamora), Espadaña (Valladolid) y otros conjuntos representativos de Salamanca, Segovia y León, en una fiesta en la que la Coral Vallisoletana interpretó el Himno a Castilla antes de hacer pasillo a los jugadores de Real Valladolid y Athletic Club de Bilbao.

La fiesta resultó completa no solo por la victoria cosechada por los de Paquito (1-0) sin por los veinte millones de pesetas que recaudó el club.

A aquel histórico gol marcado por Jorge, que aún permanece en la retina de los aficionados, le han seguido en los últimos cuarenta años otros 849 del Real Valladolid (liga y Copa) y 637 más de los rivales que han pisado desde entonces el Nuevo Zorrilla. La estadística se detiene a día de hoy (después del último empate con el Girona) en 648 partidos disputados, con 284 victorias, 210 empates y 154 derrotas.

¿Qué fue antes, el estadio o la pulmonía?
Nació el estadio con la etiqueta puesta, y la única duda que nos queda a día de hoy es saber si se le puso antes o después de su inauguración. Las crónicas cuentan que fue en la final de la Copa del Rey del 82, disputada entre Real Madrid y Sporting, cuando surgió el sobrenombre de 'estadio de la pulmonía'. En aquella ocasión, la visita de Sus Majestades los Reyes atrajo todos los focos y de algunas de sus reacciones y comentarios, reflejados por los medios de la capital, se acuñó el término.

Sin embargo, hay quien asegura que fue mucho antes y no hubo que esperar a que fueran los Reyes los que advirtieran el frío que hacía en el estadio. «Fue un comentario de Paquito», apunta José Miguel Ortega, cronista del club, «el origen del 'estadio de la pulmonía'. Llegó un día a entrenar y dijo que este frío no era normal», recuerda el periodista, cuarenta años después.

https://www.elnortedecastilla.es/realvalladolid/gesto-estadio-zorrilla-20220215125043-nt.html

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40 años del Nuevo José Zorrilla:
Marcos Fernández, promotor de Ciudad Parquesol, salvó al club de la desaparición


Nadie puede negar que la década de los ochenta en el Real Valladolid fueron buenos años. El equipo estuvo en Primera, estrenó un estadio en las afueras de la ciudad que albergó partidos del Mundial celebrado en 1982 en España, logró en 1984 su único título oficial (la Copa de la Liga) y se estrenó en Europa a la temporada siguiente. La guinda fue la final de la Copa del Rey de 1989 que jugó contra todo un Real Madrid. Eran tiempos en los que lo deportivo marchaba, pero con el cambio de década empezaron los problemas. Estos casi siempre han sido, en los 94 años de existencia de entidad, de calado económico. Y ese arranque de los noventa quedó patente una vez más. La normativa obligaba a los clubes a convertirse en sociedades anónimas deportivas. La situación se convirtió en peliaguda. En el horizonte se intuía incluso la desaparición del equipo. Para terminar de complicarlo, el Real Valladolid bajaba a Segunda a final de la temporada 1991-92.

Hubo diferentes movimientos en la directiva. El Ayuntamiento, comandado entonces por Tomás Rodríguez Bolaños, movió ficha. Hubo contactos con el tejido empresarial local, pero la cosa no llegaba a buen puerto.

Entonces apareció la figura de Marcos Fernández Fernández. El empresario leonés ya había aterrizado en la capital del Pisuerga en la década anterior y había comenzado la promoción de Ciudad Parquesol, un nuevo barrio en la loma cercana al nuevo estadio, donde construyó nada menos que 12.000 viviendas. El Ayuntamiento contactó con él. El empresario cogió el toro por los cuernos y se convirtió en presidente del club, un presidente que dejó una marcada huella tanto en el modelo de club como en la afición. Puso el dinero para que el club mutase en sociedad anónima deportiva.

Carlos Daniel Casares, concejal con Tomás Rodríguez Bolaños, recuerda la primera reunión con el empresario leonés, encuentro al que acudió con Pascual Fernández, entonces teniente de alcalde en el Consistorio de la capital vallisoletana. «Marcos Fernández se subió a ese carro. El club pendía de un hilo. Acababa de bajar a Segunda y necesitaba recursos para convertirse en una sociedad anónima deportiva. Marcos Fernández siempre había mostrado interés en participar en actividades de interés para la ciudad. Se mostró abierto a hacerse con el club. Luego se reunió con Tomás Rodríguez Bolaños, que remató la operación con el empresario», recuerda.

Marcos Fernández preparó al equipo para retornar cuanto antes a Primera. No fue fácil la campaña 1992-93, con el paso de varios técnicos. Pero se logró un ascenso que ha quedado grabado en la retina de los seguidores blanquivioletas más entrados en años: la victoria de la última jornada en Palamós que devolvió al equipo a la élite del balompié español.

Ascenso inesperado
Durante su mandato tuvo lugar la liga de 22 equipos. Era el año 1995 y la Liga de Fútbol Profesional (LFP) exigió que los clubes debían avalar el 5% de su presupuesto. Sevilla y Celta, por diferentes motivos, no cumplieron o no pudieron cumplir con el trámite. La LFP (lo que hoy es LaLiga) decidió por ello el descenso administrativo de andaluces y gallegos, con el ascenso de Albacete y Valladolid, que habían perdido la categoría la campaña anterior. Sus aficiones se echaron a la calle y provocaron que la patronal de los clubes tomase una medida salómonica: una liga de 22 equipos. El Real Valladolid salvaba la categoría.

Nadie se olvida de aquel 3-8 en Oviedo en 1996, considerado como uno de los partidos más locos y extraños de la historia en la liga española, o el fichaje de jugadores que marcaron época en el Real Valladolid como Víctor Fernández o Alen Peternac, o el retorno al club de José Luis Pérez Caminero en el tramo final de su carrera.

Bajo el mandato de Marcos Fernández (1992-98) también retornó al club uno de los entrenadores con mayor carisma y de mejor recuerdo en la sufrida parroquia pucelana: Vicente Cantatore. El técnico sudamericano regresó en la campaña 1995-96. El Real Valladolid era último cuando llegó Cantatore y logró salvarlo de la quema. Al año siguiente logró clasificar el equipo para la Copa del UEFA, la segunda vez que el Pucela jugaba una competición continental. En septiembre de 1997, el noviazgo entre el técnico y la familia Fernández saltó por los aires (Marcos Fernández estaba ya enfermo de leucemia y su hijo Marcos Fernández Fermoselle estaba ya por entonces las riendas del club) con el despido vía radiofónica del preparador sudamericano.

La desaparición del patriarca supuso un revés para un club que había crecido bajo su mandato. Sus hijos Marcos y Ángel tomaron las riendas del club hasta que lo vendieron en abril de 2000 a una serie de empresas madrileñas. Así acababa la historia de la familia Fernández al frente de un club que sobrevivió en Primera División, en la élite del balompié español. Un salvavidas cuando la entidad blanquivioleta hacía aguas en el año 1992. Hasta una peña del club lleva su nombre desde 1995, el de un presidente irrepetible.

Parquesol en la cima
Marcos Fernández ya antes de desembarcar en el Real Valladolid era el promotor de Ciudad Parquesol. Retomó la urbanización de esta zona del suroeste de Valladolid en 1985. Una ciudad dentro de la ciudad, un concepto que cambió con altos edificios el paisaje de la capital. Parquesol recuerda a Marcos Fernández con una plaza en Parquesol, plaza que se inauguró en 2001. El estadio de su equipo junto al barrio que él mismo promovió, dos obras que recuerdan al empresario leonés.

La joya del club
Uno de los grande logros de la familia Fernández a cargo del club fue la construcción de la Residencia de Jugadores, situada lógicamente en una parcela del barrio de Parquesol. Se inauguró el 22 de junio de 1999 con Marcos Fernández Fermoselle como presidente y Ramón Martínez como director deportivo. Por ella ha pasado lo más granado de la cantera del Real Valladolid, nombres ilustres como Sergio Asenjo o Jesús Rueda entre otros muchos que brillaron en la cantera blanquivioleta y que llegaron a debutar con el primer equipo.

Contaba en su estreno con 2.700 metros cuadrados de instalaciones. Cuatro plantas y 23 habitaciones dobles. Con piscina, comedor comunal, biblioteca, sala de conferencias y de televisión, garaje y jardines. Sin duda, la joya del club que fue una novedad en el fútbol español y que reasultó copiada posteriormente por un buen número de equipos.

Su futuro, con la construcción de una nueva residencia en la nueva ciudad deportiva, será la venta por parte del Real Valladolid de un terreno muy goloso en Parquesol.

También con los Fernández vio la luz la Fundación Real Valladolid.

https://www.elnortedecastilla.es/realvalladolid/presidente-irrepetible-barrio-20220216192639-nt.html

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El párrafo final de la fundación es graciosísimo. No ponen nada porque sólo ha servido para cometer fraudes.

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Yo lo que creo es que en la década de los 90 se perdió una oportunidad muy grande por terminar de cerrar el estadio y fuese más acogedor.Ahora nos toca hacerlo en un estadio de 40 años.
En el artículo que os he puesto del norte,solamente aplaudir a esos socios que protestaron porque no se hiciese el estado de todos sentados y cubierto,con 38000 sentados era mucho más que suficiente y la razón del arquitecto de "condenar" al estadio a no poderse ampliar,pues bueno,ese señor ya probablemente no viva,porque si ve lo que se ha hecho en estadios antiguos como el propio Bernabéu pues alucinaría

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Con dinero, todo se puede. Lo que traducido a Vallisoletano puro es: "No se cierra ni de puta coña".

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40 años del Nuevo Estadio José Zorrilla: Del Valladolid Arena a la Ciudad Deportiva
El entorno del estadio Zorrilla aparece desde 1997 como un espacio clave para el desarrollo económico y deportivo del club blanquivioleta


El entorno del estadio José Zorrilla se ha contemplado desde hace décadas como una tabla de salvación económica para el Real Valladolid. Hay que remontarse al 3 de junio de 1997, cuando el Ayuntamiento de la ciudad -con Francisco Javier León de la Riva como alcalde- y el club blanquivioleta -representado por el vicepresidente Marcos Fernández Fermoselle ante la enfermedad de su padre, Marcos Fernández Fernández-, rubricaron un nuevo convenio de cesión del estadio por un plazo de 40 años, que sustituyó al firmado el 23 de enero de 1993. En la cláusula tercera se especificaba que el aprovechamiento y uso del Nuevo José Zorrilla se aplicaría también a «actividades hosteleras, de espectáculo y comerciales». Al día siguiente, 4 de junio de 1997, El Norte abrió su sección local con el siguiente titular y subtítulo: «El complejo comercial y hostelero del estadio Zorrilla se abrirá en septiembre. Las instalaciones incluyen un museo, cafeterías, un restaurante y firmas deportivas». La previsión era dedicar 8.500 metros cuadrados a la hostelería y espectáculos, y 1.500 para uso comercial. El nuevo convenio había sido aprobado en el pleno municipal con los votos de PP y PSOE y la oposición de Izquierda Unida. Ese fue el germen de lo que años más tarde se conocería como Valladolid Arena.

En octubre de 2002, Carlos Suárez retomó esta idea desde la presidencia blanquivioleta para encontrar nuevas vías de financiación en un club ya muy depauperado económicamente tras el mandato de Ignacio Lewin y los elevados gastos en fichajes. Suárez estimó que los 10.000 metros cuadrados previstos inicialmente deberían incrementarse hasta 50.000 y empezó a barajar la posibilidad de vender la Residencia de Jugadores para edificar una nueva en unos Campos Anexos ampliados. Unas semanas después, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Valladolid anunció que no aprobaría alegaciones al Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), trámite necesario para el Valladolid Arena, sin el consenso de la oposición.

Los problemas no tardaron en aparecer, pero no por el enfrentamiento entre populares y socialistas, sino por los choques entre instituciones gobernadas por el PP (Ayuntamiento, Diputación y Junta de Castilla y León). En agosto de 2003, la Consejería de Fomentó aprobó la modificación del Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid, pero solo dejó un 10% del terreno junto al estadio para uso comercial. León de la Riva insistió en noviembre de 2004 que el proyecto urbanístico del Real Valladolid solo se aprobaría con el apoyo del grupo socialista, lo que suponía 28 concejales de 29. El PSOE no puso pegas. «Quiero que el proyecto urbanístico del Real Valladolid esté cerrado antes de que acabe el año», dijo el entonces el alcalde. La operación contemplaba la apertura de un centro comercial en el fondo sur del estadio extendido hasta los Campos Anexos. La Diputación Provincial de Valladolid también reclamó su protagonismo, ya que parte de los Anexos se edificaron en parte en terrenos cedidos por esta institución. «Debemos ser informados y escuchados», avisó el vicepresidente Alfonso Centeno.

El proyecto del Valladolid Arena avanzaba a pequeños pasos, aunque algunos parecían prometedores. El 23 de abril de 2005, Carlos Suárez viajó a Hamburgo, en el norte de Alemania, para visitar el pabellón construido junto al AOL Arena, un espejo para el proyecto blanquivioleta. Le acompañaron el alcalde Javier León de la Riva y el portavoz del PSOE Ángel Velasco. Un jarro de agua fría llegó al mes siguiente, cuando el entonces presidente de la Diputación, Ramiro Ruiz Medrano, manifestó que tenía «reservas» sobre la legalidad de la propuesta del Real Valladolid. «Políticamente nos parece bonito, atractivo y novedoso, pero técnicamente existen reservas sobre el uso de los terrenos», dijo Ruiz Medrano.

Con la Diputación dudando, el Ayuntamiento anunció en julio de 2005 que apoyaría el proyecto con un protocolo de colaboración que incluía a los grupos popular y socialista. Se amplió el uso comercial a los 30.000 metros cuadrados solicitados. Sin embargo, otra amenaza apareció en el horizonte. La Junta de Castilla y León ya parecía entonces dispuesta a denegar la licencia para el centro comercial, la base económica que sustentaba todo el Valladolid Arena.

La burocracia y los trámites administrativos enlentecieron el proceso. En mayo de 2006, el arquitecto Jesús Manuel Gómez Gaite, en representación del Real Valladolid, presentó la documentación técnica sobre el PGOU para corregir las incidencias detectadas por los técnicos municipales. En noviembre de ese año, los promotores Harry Harkimo y Hannü Helkio, accionista y consejero delegado de la empresa finlandesa JHC, estuvieron en Valladolid reunidos con Carlos Suárez y responsables del Ayuntamiento y la Diputación para exponer el proyecto, que tuvo un acogida favorable. Esta empresa báltica preveía abrir 23 bares y restaurantes en el nuevo complejo junto al estadio.
Los meses pasaron sin mucho avance y llegó 2007. El 11 de abril de ese año, Suárez soltó una bomba. A pocos días de que el Real Valladolid consumara su ascenso récord a la élite, el entonces presidente declaró ante los periodistas no podía «garantizar» que hubiese fútbol de Primera en Zorrilla al curso siguiente. En el fondo latía el parón del Valladolid Arena. «Es una operación que no se va a hacer. Es una pena y ya está», dijo Suárez, que quiso meter presión para reactivar el proyecto parado. Sus declaraciones no tardaron en surgir efecto. Al día siguiente, León de la Riva y Ruiz Medrano acompañaron al presidente del Real Valladolid en la sala de prensa de Zorrilla para mostrar el respaldo institucional al proyecto.

El Arena siguió adelante. En mayo de 2007, el pleno del Ayuntamiento de Valladolid aprobó la modificación del PGOU y dio luz verde a la superficie comercial junto al estadio Zorrilla. Populares y socialistas exhibieron sintonía y solo el único concejal de IU, Alfonso Sánchez de Castro, se mostró en contra argumentando que se privatizaban «bienes de los ciudadanos sin tener en cuenta el interés general». En cambio, el portavoz socialista, Ángel Velasco, entendió que la construcción de un pabellón para 12.000 espectadores, la ampliación de la Ciudad Deportiva, la creación de la Casa del Deporte, una pista de atletismo, un campo de rubgy y una pista de hielo eran contraprestaciones suficientes para la ciudad. León de la Riva, por su parte, aseguró que «el proyecto era imparable». Suárez se fotografíó con el alcalde y los presidentes de otros clubes frente una gran maqueta del Valladolid Arena durante las elecciones de aquel año.

La Federación de Vecinos y Avadeco presentaron alegaciones en julio de 2007, mes en el que la Junta de Accionistas del Real Valladolid aprobó la explotación del Arena a través de la empresa Inmobiliaria Chamartín. En octubre de 2007, el pleno del Ayuntamiento aprobó la modificación acordada de PGOU, pero en noviembre la Consejería de Fomento la rechazó por falta de información y prohibió el centro comercial. También desde la Junta, el entonces vicepresidente segundo y consejero de Economía de Empleo, Tomás Villanueva, cuestionó el Arena por el exceso de áreas comerciales. El Valladolid Arena parecía muerto o, al menos, agonizante. Sin embargo, Javier León de la Riva trató de avivar la llama y aseguró en enero de 2008 que el proyecto era «irrenunciable» y «posible». Hubo tiras y aflojas entre el gobierno local y el autonómico. En mayo de ese año, Junta y Ayuntamiento trataron de limar asperezas, pero Fomento ya avisó entonces de que el centro comercial resultaba «prescindible».

Hubo nuevos avances y el 16 de julio de 2008 todo pareció despejado: los técnicos de la Junta dieron luz verde, por fin, al centro comercial. En septiembre, la aprobación urbanística del Arena se oficializó en el Bocyl. Todo parecía encauzado. Comenzaron las mediciones y las catas en el entorno de Zorrilla. En octubre de 2010, el proyecto aparecía en exposición pública, el centro comercial ya tenía nombre (Dolce Vita) y se había fijado como fecha definitiva su construcción en 2012. Sin embargo, en noviembre de 2011, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León anuló la operación que autorizaba el centro comercial junto al estadio tras estimar un recurso de Izquierda Unida. Adicionalmente, la crisis económica había dañado gravemente al Valladolid Arena. «Aunque hemos apoyado este proyecto, sabíamos que que desde el punto de vista urbanístico iba muy justito, sobre la raya. El resultado del procedimiento judicial no nos sorprende», explicó entonces Óscar Puente, ya al frente del grupo municipal socialista. «Desde el punto de vista de consecución, me parece una sentencia absolutamente intrascendente porque el proyecto estaba muerto. No considero que sea la puntilla. Ya estaba apuntillado. Si acaso, es un poco más de tierra en el ataúd», añadió Puente, entonces en la oposición.

El Valladolid Arena pasó así al cajón de los proyectos frustrados
La llegada de Ronaldo Nazário al Real Valladolid en el verano de 2018 como presidente y máximo accionista del Real Valladolid trajo aparejado el proyecto de una nueva Ciudad Deportiva. En diciembre de ese año, el Ayuntamiento, gobernado por el PSOE y Valladolid Toma la Palabra (formación que incluye a IU) ofreció al club blanquivioleta una parcela de 29,3 hectáreas en el barrio de Pinar de Jalón para edificar el nuevo complejo deportivo. El Real Valladolid de Ronaldo acometió paralelamente un ambicioso proyecto de transformación de las instalaciones que incluía reformas en el estadio y en los Campos Anexos. El proyecto de Ciudad Deportiva en Pinar de Jalón sufrió parones por falta de documentación y, aunque el club mantuvo inicialmente la idea de contar con dos ciudades deportivas, finalmente se decantó por aceptar el espacio propuesto por el Ayuntamiento porque entendió que en los Anexos ya «no había terreno para crecer». Pinar de Jalón era la opción más viable y los vecinos lo acogieron favorablemente porque entendieron que revitalizaría el barrio.

Con todo dispuesto para empezar las obras, el Real Valladolid se echó atrás en noviembre de 2020 después de detectar «deficiencias» en el terreno (el informe de los técnicos argumentó que era excesivamente poroso) y que subsanarlas supondría desembolsar más dos millones de euros adicionales. La opción de edificar la Ciudad Deportiva junto al estadio Zorrilla empezó a cobrar fuerza, aunque los técnicos del Ayuntamiento vieron «complejo» inicialmente utilizar el espacio del Real de la Feria y se plantearon opciones en terrenos en la zona de Arcas Reales. Finalmente, el actual aparcamiento junto al estadio Zorrilla ha sido el espacio elegido. El pasado 26 de enero de 2022, el Ayuntamiento admitió a trámite el proyecto de Ciudad Deportiva en 13 hectáreas de terreno para construir dos nuevos campos de entrenamiento (que se unirán a los ya existentes) y un pequeño estadio que albergará las nuevas oficinas. Real Valladolid y Ayuntamiento tendrán que dejar sin efecto el viejo convenio de 1997 y firmar uno nuevo. La futura Ciudad Deportiva del Real Valladolid empieza a dar sus primeros pasos... con la confianza de que correrá mejor suerte que el fallido Valladolid Arena. Es otro proyecto, muy diferente y mucho más factible, aunque también busca el crecimiento del club, en este caso sin centros comerciales ni inversión privada por medio y más centrado en el plano futbolístico. El entorno del estadio José Zorrilla aguarda su remodelación definitiva.

https://www.elnortedecastilla.es/realvalladolid/valladolid-arena-ciudad-20220217205842-nt.html

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José Varela escribió:
Con dinero, todo se puede. Lo que traducido a Vallisoletano puro es: "No se cierra ni de puta coña".


La posibilidad de acoger una sede de un mundial podría acelerarlo,aunque la condición indispensable es estar en primera

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¿Cómo pueden obviar en el Norte de Castilla en un artículo de esas características que el arena sólo volvía a flote en periodos electorales?

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Iutuf escribió:
¿Cómo pueden obviar en el Norte de Castilla en un artículo de esas características que el arena sólo volvía a flote en periodos electorales?


Hombre, esto es como el Soterramiento, ya sabemos lo que hay. Otra cosa es que El Norte recibe jugosas subvenciones de entes locales, provinciales y autonómicos y no va a tirar piedras contra su propio tejado.

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¿Y la credibilidad? Luego que no venden un ejemplar. Han elegido cobrar subvenciones en vez de vender periódicos.

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https://youtu.be/1skQr7qFYhk

Que lo disfrutéis

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Una efeméride irrepetible
La inauguración del Nuevo Estadio José Zorrilla, de la que se cumplen hoy 40 años, avivó la ilusión recobrada en los años 80 por el Real Valladolid y levantó ciertos recelos por el adiós a la antigua ubicación


Aquel soleado pero frío 20 de febrero de 1982 Mariano sabía que no iba a ser un día más. Le costó conciliar el sueño la noche anterior pensando en lo que iba a vivir apenas veinte horas después, un acontecimiento histórico, una efeméride irrepetible, vinculado con uno de los grandes amores de su vida, el Real Valladolid.

Un amor adolescente -acababa de cumplir 14 años-, con esa intensidad que caracteriza al querer en la época en la que los niños y niñas comienzan su transición hacia la edad adulta. Una pasión, no obstante, bien arraigada en los goles de Rusky, en el liderazgo de Pepe Moré, la agilidad con el balón de Jorge Alonso, o el halo de Gilberto, aquellos futbolistas que bajo su mirada parecían gigantes, ídolos en un templo blanquivioleta que cada quince días le regalaba momentos únicos.

Un templo, eso sí, que se quedaba obsoleto. En ruinas, como llegó a calificar el por entonces alcalde de la ciudad. Inapropiado para un equipo que había vuelto a la élite tras el ascenso de la temporada 1979-80 y que se preparaba, sin que Mariano ni nadie lo supiese aún, para vivir una de las mejores etapas de su historia. Un estadio viejo, inaugurado en 1940; céntrico, en el Paseo de Zorrilla que le dio el nombre, donde llegaban los días de partido riadas de personas caminando entre las cuales el joven vallisoletano se sentía pequeño pero orgulloso de formar parte de aquella gran familia que a principios de la década de los 80 recobraba la ilusión por el fútbol.

Para él, que recitaba de memoria las alineaciones de su equipo desde los siete años, el fútbol era blanco y violeta. Su pasión se centraba en el Real Valladolid, auténtica devoción que compartía con su amigo Constancio, compañeros de clase en el Seminario y ambos poseedores de una ilusión desmedida que ellos creían ser capaces de contagiar a las cerca de 22.000 personas que cabían en el viejo Zorrilla. Quizá por eso, cuando en los periódicos del 18 de julio de 1979 se publicó que Pucela sería una de las sedes del Mundial 1982 -junto a otras 13 ciudades-, los dos muchachos tampoco se entusiasmaron en exceso: su mirada estaba puesta en septiembre, cuando por primera vez en su vida iban a ver a su amor jugando contra los mejores en la máxima categoría.

Aprovechar la oportunidad
La noticia fue acogida de manera diferente en dos despachos. Uno, el del Ayuntamiento de Valladolid, con el socialista Tomás Rodríguez Bolaños al mando. El otro, el de las oficinas del Club, al que en esa temporada 1979-80 había llegado Gonzalo Alonso y donde ya estaba Ramón Martínez Gómez como gerente. Hoy queda el recuerdo de los dos primeros, fallecidos en 2018 y 2020 respectivamente, y sobre todo su legado: aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para dar impulso a esa renovada ilusión por el fútbol con un nuevo estadio blanquivioleta.

Con un presupuesto inicial de 480 millones de pesetas, que finalmente fue de en torno a 700, el 4 de noviembre de 1980 comenzó el movimiento de tierras en el nuevo emplazamiento, cuya elección generó no pocos recelos entre la parroquia pucelana. Y es que se iba a pasar del corazón de la ciudad a las afueras, al otro lado del río, en el límite de un barrio de Parquesol aún desconocido para los ciudadanos, con el cerro de la Gallinera sobre el que se asienta completamente desnudo. Las únicas construcciones cercanas eran unas pocas granjas de aves y un hipermercado; nada que ver con la que hasta entonces era su ubicación, tan cerca del Lucense desde donde ya llegaba antes del partido ese olor que Mariano tenía, y tiene, tan grabado en su memoria, el de coñac y faria.

Hay varias versiones que cuentan que se valoraron varias opciones para la ubicación de lo que sería el Nuevo Estadio José Zorrilla. Se apunta a que el proyecto inicial estaba previsto levantarse en Laguna de Duero, también a que el emplazamiento estaba casi decidido en los terrenos de Granja Terra en Renedo, y el propio Bolaños apuntó que se valoró la parcela que hoy ocupan los campos de Pepe Rojo, de propiedad municipal y prevista para instalaciones deportivas. La certeza es que finalmente se optó por los terrenos del Pago de la Barquilla, cedidos por la Diputación provincial al Ayuntamiento de Valladolid, en lo que también se vio como una oportunidad para hacer más atractivo lo que iba a ser el nuevo barrio.

Un año de obras
Lo cierto es que en cuanto el balón comenzó a rodar en la temporada 1980-81 Mariano se olvidó del nuevo estadio para centrarse en la pelota. Abonado a su Real Valladolid desde que tenía uso de razón aunque sus padres, en respuesta a su desbordante pasión, le insistían una y otra vez eso de "déjate de tanto fútbol, que no te va a dar de comer", incluso en un estadio a oscuras el joven habría disfrutado de la luz que proyectaba la Primera División, esas camisetas, esos jugadores que Constancio y él conocían al detalle.

Entre otros, la llegada de un extravagante portero que venía a Valladolid con la vitola de goleador, un argentino, Fenoy, que encajó a la perfección en el esquema del entrenador Paquito y potenció a un equipo que tenía también a Antonio Santos, Gail y al muy querido José Calzado Ferrer, conocido como Pepín. Así que mientras que el Real Valladolid vencía en casa al Valencia, al Betis y al Salamanca, o conseguía empatar con todopoderosos como el Barça, el Athletic o el a la postre campeón de liga Real Sociedad, a dos kilómetros y medio la maquinaría continuaba los trabajos del nuevo hogar blanquivioleta.

Un año duraron los trabajos principales para erigir el nuevo complejo deportivo sobre una superficie de 25 hectáreas, cinco de las cuales para el edificio en sí, con un terreno de juego de 105 por 68 metros, una iluminación renovada con cuatro torres de 30 metros de alto, y capacidad para 32.000 espectadores. Se debatió mucho entre los aficionados sobre la configuración del mismo ya que el aforo quedaba distribuido de tal forma que 18.500 personas podían sentarse (11.000 de ellas bajo techo) y 13.500 estarían de pie. Además, el estadio iba a quedar abierto por los fondos, lejos de la ambición de poder disponer de un hogar cerrado.

En cualquier caso, un estadio nuevo, moderno y más cómodo para los aficionados, que iban a disponer de más comodidades y, entre otras, ya no tendrían que transitar el enorme andamio que daba acceso a la grada supletoria por encima del fondo norte. Sí seguirían pendientes del marcador simultáneo DARDO, habitual en la época, hasta que en 1987 se instaló el primer vídeomarcador.

En julio de 1981 la FIFA visitó las obras del Nuevo Estadio José Zorrilla y el 28 de noviembre de ese mismo año se realizó la presentación a los medios informativos donde se explicaron los trabajos que supusieron 13.000 metros cúbicos de hormigón, 700.000 kilos de acero, y la instalación de una cubierta de 5.600 metros cuadrados. El 5 de febrero de 1982 la empresa constructora Laing, encargada de la obra, entregó al Ayuntamiento la versión final. El feudo blanquivioleta estaba preparado.

Una fiesta inolvidable
El 7 de febrero de 1982 la nostalgia se apoderó de los miles de aficionados del Real Valladolid. Aquel domingo se jugó el último partido en el viejo estadio y, aunque acabó con triunfo 2-0 ante el Osasuna, Mariano no pudo evitar volver a casa con melancolía. A sus 14 años, cumplidos a principios de enero, sentía que una parte de sí mismo quedaba en ese hormigón. La alegría de la victoria lograda con los tantos de Alí Navarro y Gail no podía competir, mientras dejaba atrás las puertas de la que había sido su casa durante casi una década, con la sensación de pérdida que albergaba en su corazón.

Esa sentimiento perduró durante años pero se fue transformando en recuerdos bonitos. Cuando paseaba con Constancio por el Paseo Zorrilla y ambos contemplaban aquel estadio vacío juntos repasaban anécdotas y volvían, de alguna manera, a los partidos que seguían tan vivos en su memoria. Por eso, para ellos, el año de su mayoría de edad, 1986, quedó en cierta forma empañado por la demolición de su pasado.

Si el domingo de partido había sido raro, el lunes ya comenzó a palparse una nueva ilusión. Con la inquietud del niño que espera la llegada de los Reyes Magos, Mariano se mostró especialmente inquieto, nervioso y activo la semana previa a ese 20 de febrero marcado en rojo en el calendario que sus padres tenían en la cocina.
Y el día llegó.
Y había tanta gente que enseguida el recuerdo del viejo Zorrilla se le quedó pequeño.
Porque ese 20 de febrero de 1982 pasó a ser, desde que puso el primer pie fuera de la cama por la mañana, un día que jamás iba a olvidar. Su amor estrenaba casa y él iba a estar allí. No en su ubicación de la Preferencia A, que después de 40 años sigue manteniendo en la renombrada Grada Oeste, ya que había tanta gente que cuando quiso ocupar su sitio este ya estaba habitado por un señor que fumaba su faria. Quizá por eso, por ese aroma que aunque no le resultaba agradable sí le recordaba tardes gloriosas de fútbol, hizo una concesión por un día y se quedó en las escaleras, junto a su primo y a su amigo Constancio, a presenciar el partido.

Pero la fiesta comenzó mucho antes del pitido inicial. El recuerdo de Mariano es el de ríos de gente que subió andando hasta Parquesol. Un ambiente de día grande por la increíble expectación que el nuevo templo había desatado en una afición revitalizada por el rendimiento deportivo y por los avances de su Club. 

El partido comenzó ya de noche. Antes, contaba Matías Prats padre en la retransmisión televisiva, intervinieron "con enorme perfección" grupos folclóricos venidos de varias provincias de la región. También Candeal participó en la fiesta, junto con la banda de música del regimiento de San Quintín y la Coral Vallisoletana, que interpretó el Himno a Castilla antes de hacer el pasillo a los jugadores de ambos equipos. 

Bien abrigado -no en vano días antes el entrenador Paquito había alertado del frío que hacía en la nueva ubicación, mucho antes de que se otorgara de manera oficiosa el apelativo 'de la pulmonía' tras aquella final de Copa del Rey del 13 de abril del 82- Mariano no llegó a presenciar el espectáculo previo ya que junto a sus acompañantes comenzaron una tradición que se perpetuaría a lo largo de los años, la de la apurar en los aledaños del Estadio compartiendo tiempo y cervezas con otros aficionados. También aquel día ya que aunque el Nuevo José Zorrilla estuviera en un descampado en medio de la nada sí se sentía la vibración de los miles de aficionados repletos de ilusión que accedían a las gradas embelesados.

Al trío de amigos solo los sacó de su ensoñación el final de los fuegos artificiales que se lanzaron sobre el Zorrilla en los instantes previos al inicio del choque. Ahí, como el repique de campanas que llaman a arrebato, esa explosión de la pólvora les hizo acceder apresuradamente al recinto a presenciar la que sería una victoria de los suyos.

Un gol que pasó a la historia
Desde la escalera de preferencia A se veía un Nuevo Estadio José Zorrilla hasta la bandera. Casi literalmente, porque incluso en los muros de los fondos había gente subida para presenciar el partido que nadie se quería perder. Se llegó a decir que había ese sábado 44.000 espectadores, muy por encima de la capacidad que Mariano había escuchado por la radio días antes, no recorada si 32 o 33 mil personas. El caso es que mirases donde mirases había gente. Y el foco de todos ellos, también el de las cámaras de televisión que esa jornada se trasladaron a Valladolid para retransmitir para toda España (lo que supuso 25 millones de pesetas más en las arcas del Club ya que en aquel entonces se pagaban los derechos al equipo local), estaba puesto en los 22 protagonistas sobre el césped, los jugadores blanquivioletas y los del Athletic Club de Bilbao que iban a dirimir la jornada 25 en Primera División.

Aún hoy, en 2022, es capaz de recitar sin titubeos la alineación del Real Valladolid en esa fría noche mágica: Fenoy, Pastor, Santos, Gilberto, Richard, Pepín, Gaíl, Moré, Minguela, Joaquín y Alí Navarro. Los tenía grabados a fuego en la memoria, como también tenía el gol que pasó a la historia por ser el primero allí. Podía cerrar los ojos y trasladarse, como si lo acabase de vivir, a aquel momento en el que Alí Navarro combinó para Joaquín, este para Jorge por banda izquierda, ya en campo contrario, y cómo el equipo logró llevar con maestría la pelota hacia la derecha donde el argentino Navarro, paradójicamente, paró el tiempo con su velocidad.

Todo Zorrilla quedó congelado, y no por el frío. Suspense, algo iba a pasar. ¿Podía ser esa la jugada que se llevaba esperando más de 80 minutos? Alí Navarro se deshizo de su defensor para meterse en el área, donde dos rivales más intentaron salir a su paso. Pero el futbolista, que afrontaba su primer curso como jugador pucelano, había visto antes que nadie el movimiento de Jorge Alonso. Un pase raso al punto de penalti desencadenó el éxtasis. Aunque lo niegue, quienes estaban alrededor saben que Mariano comenzó a celebrar en cuanto se dio cuenta que la pelota llegaba al '14', uno de sus ídolos. Confíaba tanto en él que no le hizo falta ni mirar para saber que esa pelota acabaría en el fondo de la red que defendía el joven Andoni Zubizarreta, quien esa temporada se había consolidado como portero del conjunto vasco y del que se hablaban maravillas.

Él no fue consciente pero su grito de gol fue uno de los primeros que se escuchó en el Estadio aquella noche de sábado. Solo por segundos, porque en cuanto Jorge golpeó el balón con el exterior de su zurda a contrapie del arquero esas miles de almas que dieron vida al hormigón y al acero del Nuevo Zorrilla acompañaron con su euforia al adolescente para celebrar la primera diana de una nueva era y, además, dos puntos que acercaban al Pucela a la permanencia.

Mirada al futuro
El camino de vuelta a casa no lo hizo andando. Tampoco su amigo Constancio. El primo jura y perjura que ambos adolescentes flotaban. Y no miente. Fueron tantas las emociones acumuladas, tanta alegría desbordada, que los dos compañeros de clase iban varios centímetros sobre el suelo de aquel descampado que hoy es una populosa zona de una Valladolid moderna que mira al futuro, como también lo hace el Nuevo Estadio José Zorrilla.

Han pasado cuatro décadas de aquel partido y el aspecto que luce el templo blanquivioleta es muy distinto. Cada vomitorio posee hoy historias que contar, cada butaca alberga anécdotas y es difícil encontrar a algún vallisoletano o vallisoletana que no se haya relacionado de alguna forma con el feudo castellano ya que, además de los deportistas, por allí han pasado artistas de talla internacional como Michael Jackson, Bruce Springsteen o Depeche Mode, Julio Iglesias, o decenas de cantantes y grupos en el marco del Valladolid Latino (Amaral, Andrés Calamaro, La Oreja de Van Gogh, Chayanne, Alejandro Sanz, El Canto del Loco, Nek y un largo etcétera de voces muy conocidas). 
Zorrilla fue el escenario de la anécdota del jeque kuwaití durante el Mundial de 1982, tan presente en el imaginario colectivo. Es, a día de hoy, el Estadio donde se ha logrado el gol más rápido de LaLiga, el que fabricaron Víctor y Llorente. La casa de todos los pucelanos que lleva grabado el nombre del ilustre dramaturgo vallisoletano del siglo XIX y que ha rendido homenaje a otro, Miguel Delibes, quien estuvo presente aquel 20 de febrero como el hincha que fue.

40 años que han transformado aquel proyecto original hasta convertirlo en lo que es hoy. En 1985 se cerró el fondo norte y se acercó a la imagen que muchos aficionados anhelaban. En 1988 se crearon los campos Anexos y en 1994 se pusieron paneles en el fondo sur para atenuar la entrada de viento, una idea que se completó en 1996 con la tribuna B y la grada norte. Ese mismo año se instaló el nuevo vídeo marcador que sustituyó al de 1987 y se dotó de asientos a todo el Estadio. Y en 1999 se dio un paso para dejar atrás el apelativo de la pulmonía con la instalación de un novedoso sistema de calefacción en la tribuna principal.

Más actual es otro de los grandes cambios que ha experimentado Zorrilla, la eliminación de esa barrera que separaba al público del terreno de juego. El histórico (e incómodo) foso fue eliminado en 2019 en una obra que supuso bajar el nivel del césped y ganar miles de butacas. También en la era Ronaldo ha llegado el rejuvenecimiento de la cubierta, la mejora de la iluminación, las dependencias interiores, el techado en la grada de los Anexos, así como la instalación de un nuevo vídeomarcador. Son pasos hacia el futuro, ese camino que ahora atisba la creación de la ciudad deportiva y que se culminaría con el gran deseo de la afición blanquivioleta, cerrar la grada sur.

Un remozado Nuevo Estadio José Zorrilla que aguanta el paso del tiempo y al que le espera larga vida siendo el escenario de las gestas blanquivioletas. Donde muchos adolescentes, como Mariano en los 80, recuerdan de memoria las alineaciones y dan forma a su primera pasión. La casa donde se fabrican los sueños para niños y adultos, donde se sufre y se disfruta cada quince días. El hogar de los vallisoletanos, hormigón que ha visto crecer y relacionarse a muchas generaciones y donde, al menos por unos minutos, todas las personas permanecen unidas en torno al amor por un escudo y unos colores, por una ciudad, por el Real Valladolid.

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Actualmente el Estadio está muy bonito, claramente CAMPO DE PRIMERA DIVISIÓN, lo de los alrededores vamos a dejarlo y no creo que mis ojos vean el cierre definitivo del Fondo Sur. ¡Muchas Felicidades!

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Conde Ansúrez escribió:
Actualmente el Estadio está muy bonito, claramente CAMPO DE PRIMERA DIVISIÓN, lo de los alrededores vamos a dejarlo y no creo que mis ojos vean el cierre definitivo del Fondo Sur. ¡Muchas Felicidades!


Por dentro muy bonito pero por fuera deja mucho que desear, necesita un buen lavado de cara... Los alrededores, como bien dices, vamos a dejarlo... lol lol lol lol lol lol

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